Sentir el vacío, duele. 

Sentir la profunda soledad, duele. 

Sentirse frío y deshabitado, duele. 

Sentirse abandonado y rechazado, duele. 

Sentir el MIEDO y la carencia, duele.

Sentir la oscuridad de lo profundo, duele. 

Sentirse «raro», duele. 

Duele hasta que deja de doler…. 

Duele hasta que te fundes con la VIDA. 

Hasta que te habitas. 

Hasta que comprendes.

Hasta que te das cuenta que todo tu malestar es solo el resultado de la química generada por una estructura de protección automática que se pone en marcha cada vez que hay una «supuesta amenaza» -no ser amado, no pertenecer al grupo, no tener trabajo, no ser nadie, no estar realizado, no alcanzar metas, no conseguir sueños, no tener dinero, quedarte sin nada, ser pobre, ser diferente, ser mal padre, ser mala madre, caer enfermo, estar solo, etc, etc, etc…. –

Hasta que te das cuenta de que tu verdadero potencial está secuestrado increíblemente por creencias absurdas, falsas y totalmente incoherentes.

Hasta que te das cuenta de que si le pones consciencia, millones de años de evolución caminan a tu  favor y nunca en tu contra.

Hasta que lo ves con una claridad  alucinante: la VIDA está de tu parte.

Hasta que tienes la certeza de que la mente es un programa de memorias ciego y torpe, que secuestra la inteligencia, anclándola constantemente en el MIEDO, llenándote, con perdón, de pensamientos de mierda que te apartan de la VIDA.

Hasta que entiendes que no es la VIDA la que te hace sufrir.

Ni ELLA,  ni lo que te dicen, ni lo que te hacen, ni lo que sucede, ni lo que ves…..

Hasta que entiendes que lo que te hace sufrir es lo que tu mente pequeña, cobarde y limitada percibe e interpreta de lo que te dicen, de lo que te dices, de lo que te hacen, de lo que sucede o de lo que ves.

Hasta que respiras, la “crakeas” y la rompes.

Hasta que te atreves a vivirte, entrar a limpiar tus catacumbas y fabricar con tu presencia serotonina de la buena.

Hasta que dejas de luchar contra esa estructura automática que vive en tu mente, permitiéndote vivir en paz.

Hasta que permites que brote la VIDA  por cada uno de los poros de tu piel.

Hasta que sabes que este juego no va de hacerlo bien ni de hacerlo mal, ni de ser rico ni de ser pobre, ni de ser culpable ni de ser inocente, ni de ganar ni de perder, ni de ser mejor ni de ser peor, ni de ser dependiente ni de ser independiente, ni de abajo ni de arriba, ni de pasado ni de futuro.

Hasta que sientes que este juego va de VIVIR, de experimentar, de empaparse de infinita sabiduría y de liberarse de la dictadura de la mente.

Hasta que te das cuenta que no necesitas ni un sueño, ni una meta, ni un amante, ni una pareja, ni ser nadie, ni un éxito, ni un trabajo, ni un propósito, ni una misión, ni un cuento de hadas, ni un calmante, ni siquiera dinero para llenar tu vacío.

Hasta que experimentas que cuando no lo necesitas, es la VIDA misma quien te lo trae. 

Hasta que despiertas, lo vives y lo “ves”.

Hasta que te das cuenta de que aquello que te dijeron tus mayores y que tanto te marcó, te lo dijeron también desde el miedo al vacío y desde la necesidad de controlar.

Hasta que te das cuenta de que todo ha sido una mentira, o más bien una verdad contada desde la superfície y desde el MIEDO.

Hasta que te das cuenta de que todos, de una forma u otra, estamos instalados en el MIEDO.

Hasta que te das cuenta de que este mundo es un gran baile de máscaras y personajes, que esconden niños y niñas malheridos y asustados.

Es entonces y solo entonces cuando empieza un viaje apasionante.

Es entonces y solo entonces cuando te sueltas y la VIDA viene a recogerte.

Es entonces y solo entonces cuando VIVIR se convierte en un auténtico placer.

Es entonces y solo entonces cuando por fin respiras y empiezas el viaje de regreso al paraíso.

Rafa Mota

Rafa Mota

Rafa Mota

Estudié económicas, prefiriendo la filosofía, y viví durante más de veinte años en el mundo de los negocios, del estrés y del dinero sin encontrar nunca esa “felicidad” que tanto buscaba y anhelaba. Hasta que la vida, tras una gran crisis económica, financiera, personal y existencial, me puso en mi lugar. Y me di cuenta de una cosa: el gran secreto de la vida no es ni hacer, ni tener, ni buscar… es SER. Esta es la base del éxito personal.

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