Del milagro al “mi logro” ( 3ª parte: cambiar la mirada tiene respuestas y premio)

 

Antes de leer esta tercera entrega te pediré que hagas una cosa.

Cierra los ojos.

Respira lenta y profundamente.

Relaja la mente.

Y por un momento visualiza que sueltas  esa mochila que llevas.

Imagina que a cada exhalación que haces, sueltas peso y te vas volviendo más sutil.

Que cada vez vas siendo más ágil, convirtiéndote en algo muy ligero.

Ahora imagina que estás hecho de una arena muy fina.

Y empezando por los pies, como si fueras un escáner, vas subiendo por el cuerpo y un pequeño láser va deshaciéndote y desintegrándote.

Como la arena de la playa cuando la coges con las manos y se te escapa entre los dedos…

Pues igual.

Se te van deshaciendo los pies.

Te quedas sin pies.

Los tobillos.

Desaparecen tus tobillos.

Las rodillas.

Van desapareciendo poco a poco tus piernas.

La cintura.

El estómago.

La mitad de tu cuerpo ya ha desaparecido.

Los brazos.

El pecho.

Y así, vas subiendo hasta desaparecer completamente.

Hasta quedarte sin cuerpo.

Invisible.

Suspendido en el aire.

Pero,  a la vez, siendo consciente de todo lo que ves.

Siendo nada(o sea, todo)

Sólo consciencia.

Vibración pura.

Igual te cuesta.

Pero visualízalo, que SI que puedes.

Es uno de tus grandes poderes.

Ya lo dijo Walt Disney.

Si puedes imaginarlo, puedes crearlo.

Y ahora desde donde estás, supongo que a metro sesenta-metro ochenta del suelo, empieza a tomar altura.

Visualiza que empiezas a elevarte.

Sube, sube, sube….viéndolo todo cada vez desde más arriba.

Y desde esta posición, en perspectiva cenital.

Como en las películas cuando la cámara se aleja hacia arriba, mostrándonos la coronilla del  protagonista que participa en la escena..

Pues igual.

Haz el mismo movimiento.

Primero te ves a ti mismo.

Después el hogar, la oficina, la calle o el lugar donde estés ahora.

Tu barrio.

Tu ciudad.

Sigue subiendo.

Tu país.

Todos los mares que lo rodean.

Las costas.

Sigue elevándote.

Europa.

El mundo.

Sigue subiendo.

El planeta azul donde vives flotando en la oscuridad del firmamento.

Los otros planetas.

Observándolo todo desde el espacio.

Desde la inmensidad del Universo.

Y ahí te paras.

Toma aire y respira.

Sólo contempla lo que ves.

Observa.

Sin más.

Con perspectiva.

Sin pensamiento.

Sin emoción.

Sin juicio.

Sin esa identidad que crees que te define.

Sin tiempo.

Sin espacio.

Sin nada.

Sintiendo esa paz que te da estar alejado y fuera de todo.

Sólo SIENDO.

¿Por un momento puedes imaginarte así?

Ya sé que te cuesta.

Pero hazlo.

Entrena.

Practica

Cada vez te será más fácil.

La mente, si quieres empezar a fluir y conseguir cosas extraordinarias, has de entrenarla.

Si no, serás y tendrás “lo de siempre”.

O sea, aquello que no visualizas tú pero visualiza tu mente como le da la gana sin que te des cuenta.

Y que después, cuando lo ves creado ahí afuera, no te gusta en absoluto.

¿Lo ves ahora todo desde aquí arriba?

¿Ves la Tierra?

Pues bien.

Ya puedes abrir los ojos.

El este tercer post lo seguiremos desde aquí arriba.

Lejos de todos y de todo.

Sólo tú y yo.

SIENDO.

Vibrando alto.

¿Ves ese precioso planeta azul que tenemos allá abajo?

Imagínalo como un gran tablero donde vas a bajar a jugar la partida de tu vida.

Porque tu vida es eso.

Una partida.

Una gran partida donde eliges la ficha roja o la ficha azul.

Más o menos como en el parchís.

La de quemarte en el infierno.

O la de disfrutar en el cielo.

Tú eliges.

Tú siempre eliges.

Y decidas lo que decidas, se te respeta al cien por cien.

Porque este juego va de aceptación plena, de máximo respeto y máxima vibración.

De amor incondicional.

S-I-N –C-O-N-D-I-C-I-O-N-E-S.

Amor es estado puro.

Y amor en estado puro no es el sentimiento que conocemos como amor común.

Sería una fuerza electromagnética en su estado vibracional más alto.

Nada que ver con el amor que proyecta el ego.

De ahí la expresión archiconocida por todos  de “todos somos hijos de Dios” ¿te suena?.

Pues eso.

Nada que ver con el amor como lo entendemos desde la mente.

Es algo infinitamente mucho mayor.

Todos tenemos la capacidad de llegar a esa vibración.

O al menos, ese es el propósito más trascendente para el que precisamente estás aquí.

En dos frases.

Alcanzar la ligereza de la luz experimentando la densidad de la materia.

Bajar a densificar la luz para volver a subir sutilizando la materia.

Espero que me sigas.

Te lo diré en otras palabras mucho más claras.

Darte cuenta de lo que podia haber sido y no fue.

Y este camino el noventa y cinco por ciento lo hace en el lecho de muerte.

Así que yo de ti, empezaría ahora.

Todo eso que ganarás.

Paz, luz y disfrute.

De ahí que las personas «iluminadas» y con mucha paz interior parece que sean ángeles y fluyan con la vida.

Y no se peleen con ella.

Porque no “pesan”.

Porque tienen poca densidad.

Vibran muy alto.

Pero una cosa es que tengas la capacidad de hacer ese camino y otra que elijas hacerlo.

Ahí ya entra el ego y la percepción que creas de la realidad que vives.

Que es precisamente la que  no te dejar ser libre de tu elección.

Pero el ego aquí no toca.

Toca más adelante.

En los siguientes post ya veremos cómo se forma el ego.

Que ahora todavía estamos arriba y somos muy puros.

¿Me vas siguiendo?

Y en esto consiste el libre albedrío.

En que tú eliges el camino.

Evidentemente, sin ser consciente de ello.

Sólo los grandes maestros de la historia han elegido conscientemente ese camino y han conseguido llegar al punto máximo de vibración.

Amor como electromagnetismo.

Por eso han atraído a millones y millones de personas durante toda la historia.

Por pura atracción.

La consciencia pura es vibración máxima.

Es energía.

¿Lo ves?

Pues eso.

A mí nadie me lo explicó así.

Lo he aprendido en este camino que estoy haciendo.

Lo único que hago es transmitirte mi visión por si te sirve o por si  responde a alguna de tus preguntas.

Y no me cansaré de repetirlo.

No quiero convencerte de nada.

Sólo es mi opinión.

Tú has de encontrar tus propias respuestas, que para nada se parecerán a las mías.

El post de hoy va de eso.

De perspectiva.

Cambiar la perspectiva, cambia tu mirada.

Y cambiar tu mirada, cambia tu vida.

Al menos a mí me la ha cambiado de forma radical.

Y no he tenido que hacer gran cosa.

Sólo observar.

Observé mi caída.

Se me derrumbó todo, absolutamente todo.

Me descubrí a mí.

No fue una hazaña consciente, la verdad.

No te voy a engañar.

No puedo ponerme ninguna medalla porque no fue una elección premeditada.

Me vino dado.

Me descubrí porque no tuve más “güevos ( y con perdón) que hacerlo.

Pero por eso mismo estoy aquí hoy contándote todo esto.

Porque no me quedó ni una islita donde sujetarme.

Porque de haber quedado, igual aún estaría en esa islita pudriéndome de dolor.

Como me quedé sin nada y solo, la luz la tuve que poner en algún lado.

Y en lugar de afuera, que era un desierto absoluto.

La puse dentro.

Me enfoqué a mi.

Y ¡bingo!

Apareció.

Encontré lo que tanto había buscado.

Respuestas.

Las mías, claro.

No las de los otros.

Que me había pasado años haciendo, haciendo y haciendo para que los otros me respetaran, me valoraran, me aprobaran, me quisieran y me reconocieran sin conseguirlo.

Y si lo conseguía, a menudo gastándome lo que no está escrito en negocios, fiestas, viajes, vida social y en todo lo que me podía conducir a cubrir esa necesidad de satisafacción externa, nunca estaba satisfecho.

Siempre necesitaba más.

Era un saco que nunca se acababa de llenar.

Ahora sé por qué.

Yo no sabía ni que existía.

NO me R-E- C- O- N-O- C- I-A.

Y norma número uno.

No puedes llenar nada que no exista.

Sin saberlo, me estaba saltando por los aires el propósito principal de este juego.

Reconocerse a sí mismo.

Hasta que me quedé solo y me reconocí de golpe.

O casi.

Y lo que tenía que haber hecho en más de cuarenta años lo hice en menos de uno.

Con cientos y cientos de clicks.

Y lo sigo haciendo, claro.

Porque ser consciente no es un objetivo, ni un fin, ni un lugar al que llegar.

Es un camino que vivir.

Es un estilo de vida.

Es una vibración desde donde SER.

Así que, en poco menos de un año, empecé a verlo todo claro.

Seguí mi intuición.

Empecé a caminar.

A levantar todo otra vez.

A crear de nuevo mi vida.

Desde el cero más absoluto pero con una vibración totalmente diferente.

Y aquí estoy, tomando consciencia cada día.

No es un camino fácil.

Nadie dice que sea fácil.

Es consciente.

Y ahí sigue existiendo todo.

La alegría, la tristeza, la pérdida, el miedo, el amor, el sexo, la fiesta, los amigos, el trabajo, lo cotidiano, la rabia ( cada vez menos..)los valores.

Todo igual.

Pero observando y comprendiendo que todo está ahí para ti.

Para que cada vez fluyas más y sufras menos.

Ahora, como soy consciente  de reconocerme en el día a día, la vida no necesita darme tantas castañas para llamar mi atención.

No deja de ser un juego de maestros.

La vida es la maestra.

Tú ( o yo, o él , o ella) el alumno que está pensando en las musarañas cuando has de atender a sus explicaciones.

Ella  te da cachetazos hasta que atiendas y te des cuenta de que te está hablando.

Si eres mal alumno y no te enteras, cada vez te los da mas fuertes.

Y si eres buen alumno y lo pillas, te conviertes en el maestro de tu vida.

Y ella te deja en paz y el camino libre para crear la vida que quieras.

Porque ya «te has dado cuenta» de qué va este juego.

Y si quieres, en lugar de vida pon Dios, el Universo, el campo cuántico  o lo que quieras.

Pero TODO eres tú constantemente.

Estás creando realidad para reconocerte.

Se trata de evolucionar y ser consciente.

Y “verlo”.

¿Me sigues?

Espero que el post de hoy te cambie, al menos, la perspectiva y la percepción.

Cambiar la forma de ver las cosas cambia las cosas.

Por tres razones muy, muy poderosas.

Muchísimo más de lo que puedas llegar a imaginar.

Una.

Porque empiezas a poner el foco en ti.

A reconocerte.

Dos.

Porque cambia tu estado emocional.

Cambia tu energía.

Cambia tu vibración.

Estás aumentándola sólo por el hecho de observar y comprender.

Y tres.

Porque prestas atención.

Porque te «conectas»a todo.

Empiezas a experimentar aquello  de “como es arriba es abajo”.

Y este cambio es tan sumamente poderoso por una sola razón.

Haciéndolo estás respetando las tres leyes inmutables del Universo.

Esas que conocían todas las antiguas civilizaciones milenarias (infinitamente mucho más sabias que la nuestra actual por muchos móviles e internet que tengamos)

Y con este cambio de perpectiva, estás empezando a entender a jugar , AHORA SI, como Dios manda.

Nunca mejor dicho.

Pero ya será en la cuarta entrega.

Que será un repaso de estos tres primeros post para preparar tu participación y tu entrada en este gran juego de la vida.

Eso sí, en el siguiente seguiremos aquí arriba.

No bajaremos hasta que no hayas “visto” las grandes reglas del juego.

De lo contrario no puedes disfrutar ni jugar correctamente

Porque a eso has venido.

A jugar y a disfrutar.

Aunque la gran mayoría de veces maltrates el tablero, el juego y al que lo creó.

Que, en realidad, eres tú.

Yo.

Y todos.

Así que los únicos que podemos cambiarlo somos tú.

Yo.

Y todos.

De lógica aplastante.

Al menos, para mí.

Rafa Mota

Personal Coach.

www.rafamota.com

 

 

 

Rafa Mota

Rafa Mota

Estudié económicas, prefiriendo la filosofía, y viví durante más de veinte años en el mundo de los negocios, del estrés y del dinero sin encontrar nunca esa “felicidad” que tanto buscaba y anhelaba. Hasta que la vida, tras una gran crisis económica, financiera, personal y existencial, me puso en mi lugar. Y me di cuenta de una cosa: el gran secreto de la vida no es ni hacer, ni tener, ni buscar… es SER. Esta es la base del éxito personal.

One Comment

  • Mónica dice:

    Voy por la tercera entrega…… las he descubierto hoy mismo.
    FASCINANTE.
    He leído muchos libros en los que se habla de esto. Pero, desde luego, nada que ver con tu forma de contarlo.
    FASCINANTE TOTALMENTE.
    GRACIAS!

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