Humanos y divinos

Cuanto más observo este juego llamado vida en el que estamos todos metidos, más curioso y más esperpéntico me resulta.

Será que cuando uno empieza a ir al revés del mundo, es cuando más fácilmente ve el desaguisado y la distorsión en la que estamos todos metidos.

Porque si en algo somos especialistas es en sufrir y en maltratarnos.

En otra cosa, no sé.

Pero en eso somos los reyes del Universo.

No sé quién debió empezar.

Pero tela la que lio.

Y claro, como esto de la inconsciencia nos la pasamos de unas generaciones a otras sin enterarnos, así hemos llegado hasta aquí.

Desgastados, perdidos y desquiciados ( sólo de depresiones según la OMS se calculan unos 350 millones en el mundo)

Al paso que vamos, o lo arregla el autoconocimiento y la consciencia, o no lo arregla ni Dios (nunca mejor dicho)

Porque Dios no va a bajar a arreglar este desaguisado, aunque muchos lo esperen.

No, no va a bajar.

Más que nada porque el desaguisado es humano, no divino.

La hemos “liado parda” aquí abajo.

Ya sabes, por aquello del libre albedrío.

No me extraña que si nos ven desde arriba, o desde algún otro planeta, no contesten ni a las señales, ni quieran saber nada de nosotros.

Deben pensar “evolucionad un poco y cuando salgáis del parvulario de la evolución, ya nos comunicaremos”.

¿Dónde se ha visto que un ser evolucionado mate a otro, cuando la vida es algo tan sagrado?

¿Dónde se ha visto que un ser evolucionado deje morir de hambre y de sed a otro ser como él?

¿Dónde se ha visto que un ser evolucionado denigre y maltrate a otro ser como él?

¿Dónde se ha visto que un ser evolucionado se viole y se prostituya tanto a sí mismo en busca de amor y de aceptación?

¿Dónde se ha visto que con el poder y la magia que hay en cada uno de nosotros, nos maltratemos y nos incapacitemos de una manera tan bestia?

¿Dónde se ha visto semejante locura?

¿Dónde se ha visto tanta distorsión?

Hay días que alucino con la mente humana.

Alucino.

A días llego a pensar que el humano es un error, que hay una distorsión inoculada y el secreto de este juego es descubrir y “ver” el error para vivir desde otra lógica mucho más pura, mucho más coherente y mucho más sana.

Para poder vivir en paz y disfrutar de este paraíso.

Porque, a pesar del humano, esto sigue siendo el paraíso.

Siempre lo ha sido, siempre lo fue y siempre lo será.

Eternamente.

Todo venimos de la ameba.

Todos venimos de los reptiles.

Todos venimos de los mamíferos.

Todos venimos (y somos)  del homo sapiens.

Algunos, pocos, camino del metasapiens.

Todos hemos estado en el paleolítico.

Todos hemos estado en todas las épocas.

Y digo hemos, porque todo lo llevamos incrustado en el ADN.

Todos somos vulnerabilidad pura y extrema.

Todos somos tierra (de ahí lo de humano, “humus”).

Y todos, absolutamente todos, vivimos en el miedo.

Y quien diga que no, miente.

Tiene más miedo que nadie.

Y lo que es peor.

No lo sabe.

Así que todos somos todos.

Todos somos todo.

Y todos somos lo mismo.

Todos somos uno, pero con máscaras diferentes.

Y aun así hay quien se cree diferente y superior.

Aun así hay quien se pasa el día juzgando a diestro y siniestro como si estuviera por encima del bien y del mal.

Como si estuviera por encima de los demás, con una falta de humildad fuera de toda lógica.

“Que manda güevos”.

Por eso cuanto más observo, más “veo”.

Cuanto más “veo”, más aprendo.

Y cuanto más utilizo mi escalera (la que lo ve todo desde las estrellas) para subir hacia arriba y observarlo todo desde el cielo, menos reacciono y más entro en compasión.

A veces, infinita compasión.

Empezando por mí, claro está.

Que sigo cayendo en mis bucles particulares, pero de los que cada vez soy mucho más consciente y salgo muchísimo más rápido que hace años.

La diferencia es que lo que antes me duraba meses y me tenía absolutamente KO, ahora me dura horas.

Lo que antes eran “caídas dolorosas sufridas y vividas en el infierno ”, ahora son “caídas incómodas experimentadas y observadas desde el cielo”

Situaciones que antes me llevaban a castigarme, a frustrarme y a no permitirme el fallo ni el error, ahora me llevan a perdonarme y a permitirme desde el amor incondicional hacia mí mismo.

Y esto es lo que me permite ver y vivir el mundo y la vida desde otra percepción.

Esto es lo que me permite vivir este desaguisado en el que vivimos desde la compasión.

Y en lugar de cabrearme, comprender.

En lugar de reaccionar, crear.

Y en lugar de ofuscarme, iluminarme con mi oscuridad y la de mi alrededor.

Sólo hay que observar desde arriba ( subiendo la escalera hasta las estrellas) y aplicar el sentido común.

Aplicar la lógica coherente para comprender tanta inconsciencia.

¿Cómo no vamos a estar desquiciados si nadie nos enseña nada?

¿Cómo vamos a vivir en plenitud si ni siquiera sabemos ni qué ni quiénes somos?

Nadie nos enseña a gestionarnos.

Nadie nos enseña de qué va esta historia de la creación.

Nadie nos enseña a utilizar nuestro cuerpo y nuestros recursos.

Nadie nos enseña a respirar.

Nadie nos enseña a ser conscientes de nosotros mismos.

Nadie nos habla del MIEDO  y del AMOR como energías en este juego llamado vida.

Nadie nos enseña a pilotarnos.

Nada de nada.

En realidad, todo lo que nos enseñan es exterior a nosotros.

Todo está fuera.

Nosotros, ni existimos.

A nadie se le ocurrió decir:

Respira, siente, descubre el poder que hay en ti, explora tu magia y desde ahí sal a comerte el mundo.

A nadie.

A todos nos dijeron que había que comerse el mundo y conseguir los sueños.

Pero se olvidaron de lo más importante.

De cómo hacerlo.

De eso, ni mu.

Se olvidaron de decirnos lo único importante.

Que el mejor sueño eres tú.

Y empieza aquí, en tu corazón.

Y para llegar a él, has de gestionarte, descubrirte, amarte y comprenderte.

De lo contrario, difícilmente conseguirás  sueños de forma fácil y fluida, como se consigue todo en la Naturaleza.

Nadie nos dio el librito de instrucciones.

Desde que nacemos  lo único que aprendemos  es a mirar hacia afuera.

Enfocamos hacia el exterior desde que abrimos los ojos.

Nos entrenamos perfectamente en buscar fuera la salvación.

En buscar la aceptación.

En buscar el amor.

En buscar el reconocimiento.

En buscar el respeto.

En buscar la comprensión.

Primero de nuestros padres y después de todos los demás.

Hacemos lo que haga falta con tal de conseguir el amor de los demás.

De tanto mirar y buscar fuera, nos olvidamos de nosotros y literalmente, nos dormimos.

Nos anestesiamos y dejamos de existir.

Dejamos de respirar conscientemente.

Nos desconectamos del cuerpo.

Dejamos de sentir.

Nos apagamos.

Vamos amontonando basura tóxica encima de nuestra esencia y de nuestra divinidad.

Y aquello que realmente somos, poder, vida y energía, lo perdemos.

O creemos que lo perdemos y empezamos a buscarlo en el exterior.

Cuando nos quieren y nos aceptan, nos metemos un “chute” de vida y nos sentimos divinamente.

Cuando nos rechazan y nos abandonan, nos metemos un “chute” de muerte y nos sentimos de puñetera pena.

Y así vamos entrando en la dualidad.

Huyendo despavoridamente de lo que nos duele y buscando desesperadamente lo que nos calma.

Desgastándonos inconscientemente sin darnos cuenta, hasta que nos rompemos o nos fundimos.

Nos entrenamos perfectamente para ser unos “yonkis” de amor y aceptación.

Huimos del “chute de la muerte” para buscar el “chute de la vida”.

Nos aferramos a todo lo “bueno” y rechazamos sistemáticamente todo lo “malo”.

Aprobamos lo que nos hace sentir bien y juzgamos lo que nos hace sentir mal.

Convirtiéndonos en verdaderas máquinas de juzgar.

Olvidándonos de una cosa.

Que la vida no es ni buena ni mala.

La vida no es sentirse bien ó sentirse mal.

La vida no es o esto o lo otro.

La vida es el pastel entero.

La vida es TODO.

Es luz y oscuridad.

Es noche y día.

Son sonrisas y lágrimas.

La vida es dualidad y unicidad.

La vida es MIEDO y es AMOR.

La vida es humana y es divina.

Cada vez que la rechazas y la juzgas, te quedas en lo humano y te niegas el acceso a lo divino.

Rafa Mota

Personal Coach

www.rafamota.com

 

 

 

 

2017-12-12T02:25:21+00:00 Espiritualidad|

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