Cierra los ojos.

Respira profundamente.

Pero de forma consciente.

Despacio.

Sintiendo como entra el aire por tus fosas nasales.

Sintiendo tu cuerpo.

Sintiendo la temperatura de tu piel.

Sintiendo los latidos de tu corazón.

Párate y escúchalos.

Pon la mano.

Siéntelos cómo bombean.

Ahora intenta escuchar a conciencia los sonidos a tu alrededor.

Lo que sea.

El coche que pasa.

El agua que cae.

El grito de tu hijo.

El pajarito que vuela.

O si hay silencio, escucha el silencio.

Sólo escucha.

Sin juzgar.

Sin opinar.

Sólo dejándote sentir.

Sin más.

Y reconócete respirando.

Un minuto, dos.

No más.

¿Ya?

¿Cuántas veces al día haces esto?

Me la juego a que ninguna.

Diría que la mayoría de los días llegas a casa por la noche  y ni siquiera has sido consciente de cómo has respirado.

Y si lo has hecho no pasa de cinco minutos al día.

Diez como mucho.

El primer propósito del ser humano es reconocerse a sí mismo.

Y yo pregunto:

Si no sabes ni que respiras, ¿cómo te vas a reconocer?

¿Cómo sabes que existes si ni siquiera eres consciente de lo que haces?

Y si no sabes ni que respiras…

¿Cómo puedes saber lo que sientes?

¿Cómo puedes conectar con tu sabiduría ( que la tienes)?

¿Cómo puedes saber cómo habla tu cuerpo?

¿O cómo se mueve?

¿O lo que te dices a ti y a los demás inconscientemente sin darte cuenta?

¿Cómo sabes lo que quieres si no existes?

¿Cómo puede aparecer en tu vida la pasión conectada si ni siquiera te apasionas por respirar?

¿Cómo puedes saber cuál es tu vocación de alma si ni siquiera notas el aire que entra en tu cuerpo?

¿Cómo puedes gestionar tu vida si ni siquiera la reconoces?

¿Cómo podrías llegar a las estrellas si la respiración es la que te marca el camino?

No puedes hacer volar nada que no exista.

Y si no te das cuenta de que respiras, es imposible que tú existas.

Así que volar, no volarás.

Al menos de forma fluida y conectada con el Universo.

Que, por cierto, es quien se alía contigo para que tus sueños se hagan realidad.

La gran mayoría de tu tiempo, no existes.

Físicamente estás, pero no aquí.

Estás fuera.

No sé dónde.

Pero fuera.

Tu cerebro te lleva vete a saber dónde.

Por eso no tienes la vida que deseas.

Porque si no existes no la puedes crear.

Ni la puedes moldear

Sólo la puedes repetir e ir a remolque.

Liderar es eso.

Darte cuenta y estar aquí.

Tomar el mando.

Dirigir tu vida.

Entrenar tu mente.

Enfocar.

Visualizar.

Crear.

Y decidir hacia dónde quieres que se dirija tu destino.

Es ser ejemplo para ti y para los demás.

Es sacar lo mejor de ti  y ayudar a que los demás también saquen lo mejor de sí mismos.

Es llegar a la cima y acompañar a que los otros lo consigan.

Liderar es crear aquello que tú quieras.

Liderar es ir a por la vida que tú sueñas.

Liderar es ser auténtico y original.

Liderar es SER TÚ mismo.

Liderar, con perdón, es ponerle huevos a la vida.

Y conducirla contra viento y marea hasta donde tú quieres que vaya.

Gestionarla de cabo a rabo.

De principio a fin.

Y asumir toda la responsabilidad.

Y cuando digo huevos no digo ni gritos, ni violencia, ni pataletas.

Me refiero a ponerle mando.

A ponerle inteligencia divina.

A ponerle energía.

A ponerle visión.

A ponerle ilusión.

A ponerle motivación.

Y a ponerle compromiso.

Nada llega si no te lo trabajas.

Nada se cumple si no lo deseas con todos los poros de tu piel.

Y nada se ilumina si no transformas tu oscuridad.

Porque precisamente, si hay algo que te impide liderar verdaderamente tu vida, es tu oscuridad.

Y para liderar desde el alma has de enfrentarte a ella.

Has de verla.

Has de sentirla en tus entrañas.

Has de observarla sin asustarte.

Has de vencer el miedo a encontrártela.

Has de perdonarla porque se formó de forma inconsciente y sin pretender hacerte daño.

Y has de aceptarla como parte de ti.

Porque aceptarla, ya es transformarla.

Y hasta que no lo hagas, no podrás liderar tu vida ni la de los demás.

Todos tenemos una sombra.

No hay nadie que no tenga su parte oscura.

Puedes entrenar tu mente.

Puedes esforzarte en leer libros de autoayuda.

Puede gastarte el sueldo en asistir a talleres y cursos.

Puedes hacer mil y una meditaciones.

Puedes irte a las montañas de la India.

Pero la verdadera iluminación es ir hacia dentro y meterte en tus infiernos.

Hasta la caldera.

Hasta el fondo.

Y apagarlos.

Y ahí es cuando tu vida empezará a cambiar.

El cielo no son los ángeles danzando.

El cielo son tus demonios apagándose.

La reacción.

El enfado.

La rabia.

La inseguridad.

La desmotivación.

La desilusión.

La desgana.

La ansiedad.

La depresión.

La tristeza.

El pánico.

Muchos de los trastornos alimenticios.

Los TOCS.

Muchas neurosis, psicosis y comportamientos aprendidos desde la infancia son distorsiones de tu SER.

Son estados alejados de tu esencia por no enfrentarte a tu oscuridad.

A tu amargura más profunda, de la que muy posiblemente, ni siquiera sepas de su existencia.

Todo está provocado por no comprender, por no perdonar, por no amar y por no hacer consciente tu sombra más salvaje e inconsciente.

Es la resistencia al dolor.

Es la resistencia a reconocer.

A reconocer que para transformar tu vida has de cambiar tú y enfrentarte a ti mismo.

Por eso nos cuesta tanto cambiar.

Es más cómodo que cambien los demás.

Que no asumir el mando y bajar a inspeccionar los infiernos.

Nada ni nadie puede ayudarte en tu camino.

Ni sabe.

Ni debe.

Ni quiere.

Ni lo necesita.

Ni es su función.

Sólo tú puedes abrir la caja de pandora.

Observar.

Ver.

Sentir.

Perdonar.

Amar.

Y transformar.

Y cuando lo haces.

Se acabó.

La oscuridad se transforma en luz.

La única luz que necesitas para ser el líder de tu vida.

Y por ende, de los demás.

La vida no trata de huir ni de resistirse.

Ni de esconderse.

La vida no trata de ser fuerte ni débil.

Ni listo ni tonto.

Ni agresivo ni sumiso.

La vida trata de ser auténtico.

Y ser auténtico es saber ser todo a su debido momento.

También humano y vulnerable.

Cuando lo aceptes y lo asumas…

Entonces serás invencible.

Rafa Mota

Personal Coach

www.rafamota.com

 

Foto para invidentes: sobre un fondo de una puesta de sol aparece en primer plano la silueta de una chica alzando los brazos y formando con sus manos la figura de un corazón

 

 

Rafa Mota

Rafa Mota

Estudié económicas, prefiriendo la filosofía, y viví durante más de veinte años en el mundo de los negocios, del estrés y del dinero sin encontrar nunca esa “felicidad” que tanto buscaba y anhelaba. Hasta que la vida, tras una gran crisis económica, financiera, personal y existencial, me puso en mi lugar. Y me di cuenta de una cosa: el gran secreto de la vida no es ni hacer, ni tener, ni buscar… es SER. Esta es la base del éxito personal.

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